La Ruta de la Seda

La diplomacia china envió en el siglo II a.C. una pequeña delegación hacia un lejano reino situado en los confines de poniente (cerca del actual Agfanistan). Este es, según los expertos, el comienzo de la famosa Ruta de la Seda que se irá ampliando tanto por la parte oriental como por la occidentmal hasta establecer diversas vías de comunicación entre los pueblos de uno y otro lado del mapa.

Se trataba no de “una” ruta de la seda sino de un manojo, o incluso más bien una red de itinerarios comerciales terrestres y marítimos que conectaban, más o menos desde la época de la expansión romana hacia Oriente Medio en el siglo I a.C., el mundo mediterráneo y China, así como todos los países situados entre estos dos extremos del continente eurasiático.
Luce Boulnois, La Ruta de la Seda; Dioses, guereros y mercaderes.

Durante siglos, este entramado de rutas será el lugar de encuentro de diplomáticos, comerciantes y viajeros, lugar de intercambio, no sólo de la famosa seda, sino también de especies, piedras preciosas, perfumes… Y, sobre todo, conocimientos, cultura, religión y costumbres. También será protagonista de una serie de crónicas fabulosas como las de Marco Polo o las rihlas (relatos de viaje) del tangerino Ibn Battuta.
Este flujo de información y conocimientos favorecerá la aparición y mejora de nuevas tecnologías, tanto navales como cartográficas, que iran desplazando la ruta cada vez más hacia la vía marítima, evitando intermediarios y, por tanto, optimizando tiempo y economía.

Mucho ha llovido desde entonces, y el mapa político global ha sufrido tantos cambios que es prácticamente irreconocible si lo comparamos con el de hace dos mil años. Guerras, reunificaciones, pactos, muros de acero, muros de bambú… La antigua ruta ya no es una arteria principal ni secundaria sino todo lo contrario. Pero hay aún una serie de lugares, culturas y personas que se resiten al paso del tiempo y aguantan, frágilmente, los sobresaltos internacionales a golpe de kalasnikov y el saqueo sistemático por parte de expoliadores patrocinados por museos occidentales.

Esta línea discontinua es el que vamos a buscar e intentaremos seguir el 1 de septiembre; como tantos otros lo han hecho y siguen haciéndolo: de caravasar en caravasar.

 

Nuestra ruta

Es necesario poner en condicional lo que va a continuación
y cogerlo con papel de fumar: toquemos madera!

Podríamos salir desde Venecia como los Polo, o empezar en Istanbul, teniendo en cuenta que es la puerta de Asia, pero nos gusta más la idea de una transect que salga de nuestra casa y observar lentamente todos y cada uno de los cambios que se producen en la geografía, las lenguas, las facciones, la gastronomía… desde el “Bon Dia” hasta el “早晨好!”.

Esta ruta es un patchwork hecho a medida fruto de lecturas y consejos.
No hemos inventado la sopa de ajo!

Barcelona-Beijing (en bicicleta) 17.400km aprox.
Beijing-St.Petersburg (Transiberiano)
9.259km
St. Petersburg – Barcelona (en bicicleta)
4.700km aprox.


Ver en un mapa más grande.

Se trata de avanzar hacia el este en pequeñas excursiones que nos llevarán a cruzar los Pirineos por Portbou, los Alpes por Niza, seguiremos hasta Venecia para adentrarnos de lleno en los Balcanes: primero por la costa de Croacia hasta Dubrovnik, entrando en Bosnia por Mostar hasta Sarajevo y siguiendo el Drina hacia Gorazde y Visegrad. Entonces seguir por Serbia y Bulgaria hasta llegar a Istanbul, ahora sí! La puerta de Oriente!

El viaje continua por la costa turca del Mar Egeo hasta (posiblemente) Bodrum, la antigua Halicarnassus de Herodoto. Y luego hacia el este de Anatólia, pasando por la Capadocia y penetrando en el Kurdistan turco. Si todo va bién entraremos en Irán en pleno invierno pasando por Tabriz y hasta Teherán y entonces, buscando climas más favorables, iremos hacia el centro del aniguo Imperio persa por Qom, Isfahàn y Yazd donde nos esperan 950km de desierto hasta Mashhad.

En el Asia central es donde se concentran la mayor parte de los caravasares y oasis de la Ruta de la Seda. Pasamos por Merv y Turkmenabad en Turkmenistan; Bukharà, Samarkanda y Tashkent en Uzbekistan; dejando de lado la parte más septentrional de las montañas del Pamir, iremos desde las llanuras de Kazakhstan hasta la frontera con Kirguizistan, donde pasaremos por Bishkek, seguiremos hasta el lago Issik Kul y finalmente Osh, justo antes de dirigirnos a Torugart, la puerta que nos conducirá a China y a encontrarnos de cara con uno de los desiertos más grandes del mundo: el Takla Makàn.

El nombre de Takla Makán significa, literalmente, lugar sin retorno y como no queremos que éste sea nuestro fatal destino, rodearemos sus dunas por el norte desde Kashgar hasta Turpan por la provincia de Xinjiang, de mayoría uigur, para después bajar en dirección a Xi’an, bordeando el desierto del Gobi y siguiendo los vestigios de la Gran Muralla China.

Xi’an es habitualmente el destino final de la histórica ruta pero nosotros queremos ir a buscar el Transmongoliano en Pequín y, por tanto, nos dirigiremos a la capital de la República Popular. El tren nos llevará a través de Mongolia hasta Ulan-Ude (ya en Rusia) donde tomaremos el famoso Transiberiano que nos llevará, durante 7 días, a través de las inhóspitas tierras siberianas, hasta Moscú y luego San Petersburgo como destino final.

La vuelta a Barcelona la hemos planeado pedaleando desde Rusia, atravesando las repúblicas bálticas, la costa polaca, el norte de Alemania, Holanda, Bélgica… “nuestra Bélgica!” para después dirigirnos hacia el Mediterráneo y seguir la costa hasta llegar a casa y darnos de morros contra el muro del paro.

Tenemos agua hasta las rodillas, y está fría…
pero estamos decididos a cruzar el Rubicón.

“alea iacta est”

 

Dónde empieza todo?
Sobre el mapa el dedo siempre va más rápido que la razón.

En 2001, una pareja de noruegos que visitaba el Ateneu Candela de Terrassa, decidieron volver a casa con unas bicicletas de segunda mano. Parecía una empresa digna del mismo Quijote, un plan descabellado que, de alguna manera, produjo una chispa que no ha dejado de estar presente hasta el día de hoy. Sin querer y sin saber, pones el dedo sobre el mapa y empiezas a averiguar que no es cosa solamente de dos nórdicos chiflados. Y lees que un manchego está dando la vuelta al mundo, y que Heinz lleva media vida pedaleando por todos los rincones del planeta, que Álvaro reparte sonrisas por todas partes sobre una bicicleta, que Claude no para de ampliar horizontes a golpes de pedal y disfrutas con la crónica de Fernando, y la de Imma y Pep, y la de Gabriel Eneko y Miyuki

En definitiva, una lectura lleva a otra y aparecen los viajes de Ibn Battuta, Kapuscinski, Krakauer, J.Michael Fay (que cruza el corazón de África en chanclas), Luce Boulnois, las mil maravillas de Marco Polo… y blogs y webs… y vas probándote a ti mismo sobre la bicicleta, haciendo kilómetros, hasta que te das cuenta que ya estás a punto.

Y sabes que la única manera de evitar que te tiemblen las piernas es hacerlas pedalear.